El olor a carbón quemado y el vapor denso flotando bajo el cielo limpio de octubre nos han devuelto, por unas horas, el latido del siglo pasado. La estación de La Poveda, situada en la Avenida de la Depuradora en Arganda del Rey, ha sido el epicentro de un viaje en el tiempo que ha demostrado que la identidad de este núcleo urbano sigue viva junto a la legendaria locomotora.
Una marea de familias en el andén de La Poveda
Desde primera hora de la mañana, el ambiente en los alrededores de la estación anticipaba un éxito rotundo. Las cuatro tandas programadas por el Ayuntamiento atrajeron a una enorme cantidad de vecinos y visitantes de toda la región. El perfil del andén estaba claro: muchas familias con niños pequeños. En unos meses donde el barrio de La Poveda copa las conversaciones vecinales por sus persistentes reivindicaciones locales, el evento de hoy ha supuesto un hermoso oasis de reencuentro social, cultura compartida y sonrisas infantiles en cada rincón del andén.
Al tratarse de unas jornadas especiales organizadas en colaboración con el Consistorio, la experiencia ha sido completamente gratuita, rompiendo la rutina de los viajes de pago de los domingos de temporada y permitiendo un acceso universal a nuestro patrimonio viviente.
El viaje: entre trincheras, humo y la Laguna del Campillo
El traqueteo nostálgico del convoy arrancó a una velocidad máxima de 15 kilómetros por hora, ideal para contemplar la totalidad del trazado recuperado. La gran sorpresa de esta edición aguardaba en el interior y los alrededores de los centenarios vagones con el desarrollo de una jornada dedicada a la recreación histórica de la Guerra Civil española.
Los propios voluntarios de la organización, vistiendo indumentaria y equipamiento fieles a los años 30, transformaron los vagones de madera en un escenario vivo. A mitad del trayecto, el tren realizó una pequeña parada de 10 minutos cerca del río Jarama, permitiendo a los pasajeros observar las escenas y la ambientación que contextualizaban uno de los periodos más cruciales de nuestra historia. Todo este despliegue corrió a cargo del Centro de Iniciativas Ferroviarias Vapor Madrid (CIFVM), la entidad sin ánimo de lucro que custodia este tesoro desde 1987.
El broche de oro en el museo y el recuerdo de los viejos oficios
Al regresar a la estación de origen, la experiencia no terminó para los viajeros. Los asistentes pudieron adentrarse en las dependencias para visitar el museo del tren. Allí, rodeados de piezas históricas, herramientas y faroles, los más pequeños descubrieron cómo se trabajaba hace más de 100 años.
Ha sido el homenaje perfecto para aquellos oficios ya desaparecidos en la comarca: los fogoneros que alimentaban las entrañas de fuego de la máquina, los guardafrenos expuestos a la intemperie y los jefes de estación que controlaban el paso del progreso.
Las puertas ya se han cerrado esta tarde y el viejo tren descansa en las cocheras, pero el silbato del «tren de Arganda, que pita más que anda», ha dejado hoy una huella imborrable en el corazón de La Poveda.

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