¿Te parece interesante? ¡Compártelo!
El Poeta Thriller literario Amadeus Raven

CAPÍTULO VII

NEGROS CARÁMBANOS

El primer caso en el que trabajó el subinspector Espino cuando asumió la dirección del Laboratorio de Lingüística Forense y en el que tuvo que poner a prueba su capacitación y los procedimientos de su departamento fue un asunto de una presunta pornovenganza a través de la difusión de un vídeo sexual por WhatsApp que atentaba contra la intimidad y el honor de la denunciante, una chica de veinte años de la que circulaba una grabación practicando una felación a su novio.

La pareja había roto la semana anterior tras un año de relación y todos los indicios apuntaban a que el chico había filtrado la grabación desde su propio móvil. El acusado reconocía que él era el autor del vídeo, pero que no lo había difundido. Ni tan siquiera admitía un acto irreflexivo de venganza.

Argumentaba que le habían sustraído el teléfono y no le había dado tiempo a denunciar el robo.

El vídeo iba acompañado de un texto:

La zorrita de mi exnovia, me la comía así

Espino supo de inmediato que el exnovio no era quien había difundido la grabación. Era imposible que después de una relación estable, y cuando habían pasado solo unos días desde la ruptura, el texto fuera tan descarnado. Además, el mensaje escrito le recordó a los títulos que cosifican a la mujer en los vídeos de páginas de pornografía.

Era imposible que el chico calificara de “zorrita” a su exnovia solo una semana después de haber roto con ella tras un año en pareja. Ese grado de distanciamiento y de mofa solo podía proceder del entorno más cercano del sospechoso y de alguien sin escrúpulos que quisiera vengarse de uno de los dos.

Y sobre todo procedía de alguien a quien iba a delatar el uso de la coma criminal.

La coma agramatical de la muestra escrita detrás de la palabra exnovia, la llamada coma criminal o asesina que separa el sujeto del predicado innecesariamente, era un rasgo idiosincrático de escritura que no pasó desapercibido a Espino.

Tras incautar los móviles de los amigos y familiares del exnovio, el subinspector observó que la coma asesina era un rasgo específico que aparecía de forma continuada en los textos del hermano menor del sospechoso, que además resultó ser un consumidor compulsivo de porno.

A través de la determinación de perfiles lingüísticos Samuel había desenmascarado a pedófilos que se hacían pasar por adolescentes para ganarse la confianza de sus víctimas, resuelto asesinatos que aparentaban ser suicidios por una simple falta de ortografía que el juez había valorado como prueba inculpatoria por su reiteración en otros escritos del sospechoso, o colaborado en hallar la procedencia de campañas de difamación y desprestigio a líderes políticos o personajes públicos.

En un proceso inverso al seguido por Inés Luján, su mente se había vuelto extremadamente analítica y almacenaba y procesaba datos de forma continua, buscando similitudes y disonancias entre los textos o locuciones que comparaba, detectando el plagio, el fraude e incluso la intención de inculpar a otro imitando su forma de redactar.

Pero esto a lo que se enfrentaba ahora era distinto.

Había rescatado el tomo de Claudio Cisneros de las estanterías de libros que abarrotaban su apartamento y no necesitaba abrirlo para saber que el poema estaba ahí.

El soneto clavado en el ojo de Laura Laforet pertenecía al mayor poeta vivo en lengua castellana, eterno aspirante al Premio Nobel de Literatura, que parecía habérsele escapado para siempre hace unos meses al verse envuelto en un escándalo sexual que había dinamitado sus opciones apenas quince días antes de hacerse público el ganador.

A finales de septiembre del pasado año, una serie de artículos de fondo de El Castillo publicados en forma seriada a lo largo de varios días, y de los que se hizo eco Castillo TV ahondando en los detalles más escabrosos, socavó los cimientos del mundo cultural español e internacional al revelar los testimonios de varias mujeres que acusaban a Claudio Cisneros de haberlas agredido sexualmente.

Las declaraciones retrataban a un depredador que se valía de su prestigio como escritor para embelesar a sus víctimas y sojuzgar su voluntad.

Los patrones de comportamiento se repetían en los testimonios, que abarcaban diversas etapas de la biografía del autor en distintos países y entornos.

El trabajo periodístico era impecable e irrefutable, repleto de datos identificativos, con fechas concretas y fotografías de las mujeres en compañía del autor en situaciones privadas.

Fue una bomba informativa que se llevó por delante la reputación de Claudio Cisneros, cuyo silencio contribuyó a aumentar el efecto de la onda expansiva, que llegó hasta Suecia y fulminó su candidatura.

El autor solo habló a través de sus abogados, que se querellaron contra el director de la publicación y de su terminal televisiva sin demasiada fe ante lo apabullante de los testimonios. Y aunque la querella seguiría su curso en diversas instancias, Laura Laforet le aseguró desde el principio a Óscar Osorio que no prosperaría.

Cisneros siempre había sido el poeta favorito de Samuel. Durante la carrera lo había estudiado y realizado comentarios de textos sobre algunos de sus sonetos, que le resultaban de una profundidad majestuosa.

Pero ahora la perspectiva había cambiado y el antiguo estudiante y admirador debía empezar a buscar pruebas que inculparan o exculparan al poeta del crimen más cruel que había visto.

Samuel Espino abrió el libro y buscó el soneto. Ahí estaba. Igual.

Salvo el verso 6.

Impuras lágrimas, ríos paganos —leyó en el libro.

Impuras lágrimas, negros carámbanos —leyó en el papel en que había copiado el poema clavado en el ojo de la abogada.

Una variación aparentemente insustancial para un lector no instruido en la materia.

Pero una variación muy significativa para alguien conocedor de los preceptos de la métrica castellana. Un golpe innecesario a la forma estrófica de la obra, una especie de distorsión que no respetaba la medida del verso endecasílabo y lo convertía en dodecasílabo.

Los versos de los sonetos clásicos debían atenerse a la medida de 11 sílabas, pero el verso de la nueva versión tenía 12.

Sin embargo, las reglas métricas marcaban que si la última palabra del verso era esdrújula, se restaba una sílaba al cómputo general. Y carámbanos era esdrújula, salvando el endecasílabo in extremis.

Pero la modificación destrozaba la métrica del poema, porque la rima consonante se perdía al no coincidir vocales y consonantes a partir de la última vocal acentuada.

En la versión original las palabras manos, humanos, paganos y tiranos coincidían en la terminación -anos, cumpliendo así la norma. Pero carámbanos introducía una irregularidad, porque -ámbanos no respetaba la regla de la consonancia.

El soneto perfecto se desmoronaba.

La variación había mancillado la obra de Cisneros destruyendo su estructura impecable.

¿Qué sentido tenía todo aquello? ¿Qué había querido transmitir el asesino con esa modificación en el soneto?

Samuel ordenó al técnico informático de guardia que compilara todo el corpus literario de Claudio Cisneros y lo analizara con los programas de que disponían para averiguar cuántas veces aparecía la palabra carámbano o su plural en la obra del magno poeta.

El resultado no le extrañó. Cero veces.

Era un juego diabólico, lo sabía. De nada le servía toda la tecnología de que disponía, ni tampoco sus conocimientos literarios ni lingüísticos. De nada le servían los avanzados procedimientos para averiguar la autoría de un texto, porque el monstruo que había asesinado a Laura Laforet había planteado una partida de póker con nuevas reglas.

Era una partida con cartas marcadas y con un comodín envenenado que servía tanto para inculpar a Claudio Cisneros como para convertirlo en víctima de un siniestro plan.

El subinspector apoyó la frente en el ventanal de su despacho y contempló inmóvil el horizonte sumido en lúgubres cábalas.

A Inés Luján le hubiera parecido que la silueta de Samuel Espino recortada sobre el ocaso se asemejaba precisamente a un carámbano negro.

El Poeta Thriller literario Amadeus Raven

'El Poeta', por Amadeus Raven: capítulo 1

'El Poeta', por Amadeus Raven: capítulo II

'El Poeta', por Amadeus Raven: capítulo III

'El Poeta', por Amadeus Raven: capítulo IV

'El Poeta', por Amadeus Raven: capítulo V

'El Poeta', por Amadeus Raven: capítulo VI

'El Poeta', por Amadeus Raven: capítulo VII

'El Poeta', por Amadeus Raven: capítulo VIII

'El Poeta', por Amadeus Raven: capítulo IX

'El Poeta', por Amadeus Raven: capítulo X

‘El Poeta’, por Amadeus Raven: capítulo XI

'El Poeta', por Amadeus Raven: capítulo XII

‘El Poeta’, por Amadeus Raven: capítulo XIII

‘El Poeta’, por Amadeus Raven: capítulo XIV

‘El Poeta’, por Amadeus Raven: capítulo XV

‘El Poeta’, por Amadeus Raven: capítulo XVI

‘El Poeta’, por Amadeus Raven: capítulo XVII

‘El Poeta’, por Amadeus Raven: capítulo XVIII

‘El Poeta’, por Amadeus Raven: capítulo XIX

‘El Poeta’, por Amadeus Raven: capítulo XX

'El Poeta', por Amadeus Raven: capítulo XXI

'El Poeta', por Amadeus Raven: capítulo XXII

'El Poeta', por Amadeus Raven: capítulo XXIII

'El Poeta', por Amadeus Raven: capítulo XXIV

'El Poeta', por Amadeus Raven: capítulo XXV

'El Poeta', por Amadeus Raven: capítulo XXVI

'El Poeta', por Amadeus Raven: capítulo XXVII

‘El Poeta’, por Amadeus Raven: capítulo XXVIII

'El Poeta', por Amadeus Raven: capítulo XXIX

'El Poeta', por Amadeus Raven: capítulo XXX

'El Poeta', por Amadeus Raven: capítulo XXXI

'El Poeta', por Amadeus Raven: capítulo XXXII

‘El Poeta’, por Amadeus Raven: capítulo XXXIII

‘El Poeta’, por Amadeus Raven: capítulo XXXIV

‘El Poeta’, por Amadeus Raven: capítulo XXXV

'El Poeta', por Amadeus Raven: capítulo XXXVI

‘El Poeta’, por Amadeus Raven: capítulo XXXVII

‘El Poeta’, por Amadeus Raven: capítulo XXXVIII

‘El Poeta’, por Amadeus Raven: capítulo XXXIX

‘El Poeta’, por Amadeus Raven: capítulo XL

¿Te parece interesante? ¡Compártelo!