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El Poeta Thriller literario Amadeus Raven

CAPÍTULO XXX

PAS

Mientras enfilaba la calle Lope de Vega, donde se encontraban el convento de las Trinitarias Descalzas y la iglesia de San Ildefonso, Samuel iba preguntándose por qué no había dicho toda la verdad a Inés sobre su hermana. Probablemente fuera por no añadir más preocupaciones a las que ya tenía y también por proteger la privacidad familiar.

Lo cierto es que desde pequeña a Luna le afectaban las cosas muchísimo más que a los demás, lo cual era maravilloso cuando experimentaba una enorme alegría y un tormento cuando sufría un pequeño disgusto que podía devenir en una gran tragedia que la dejaba postrada en la cama varios días sin querer salir a la calle y a sus padres y a él desazonados y perplejos.

Durante su adolescencia Luna tuvo episodios extremos de este tipo de comportamiento que la alejaron de sus amigos, que la consideraban un bicho raro mientras ella se sentía incomprendida.

No fue hasta que la llevaron a un psiquiatra cuando sus padres y él pudieron entenderlo todo. Tras una larga entrevista y varios test, el médico les comunicó que Luna era una persona PAS.

—¿PAS? —preguntó el padre.

—Persona Altamente Sensible —les aclaró el doctor el acrónimo con una sonrisa—. No se preocupen, no es una enfermedad. Es un desarrollo de la sensibilidad extremo. Su hija ve, oye, huele, saborea, siente, en suma, mucho más que la mayoría de nosotros. Es tremendamente sensible a los ruidos, a la luz, a los olores… Percibe detalles que a ustedes y a mí nos pasan desapercibidos. Además es una persona muy inteligente y profundamente empática, y eso le hace ponerse en el lugar de los demás y sentir como propias las penas y las alegrías ajenas, de ahí su propensión a sufrir estrés.

—¿Y eso va a ir a más o a menos cuando se haga mayor? —preguntó la madre, desbordada por la situación.

—Señora, no deben ustedes afrontar la hipersensibilidad de su hija como si fuese una desgracia, sino al contrario. Es un don. Pero un don que debe ser comprendido y tolerado cuando se manifieste en sus aspectos más extremos. A medida que se haga mayor, Luna irá desarrollando su carácter, descubriendo el entorno en que ella se encuentre más cómoda, se acercará a personas del ámbito familiar y a amigos que la comprendan, intentará buscar parejas afines y rechazará entornos hostiles. La hipersensibilidad siempre formará parte de su esencia, conformará su identidad, y si ustedes desean lo mejor para su hija, tendrán que aceptarla tal y como es. Pretender que un zurdo escriba con la mano derecha es contraproducente y frustrante. Dejen que Luna vaya desplegando las potencialidades inherentes a su personalidad, respeten sus reacciones, por mucho que no las entiendan, porque de lo contrario aumentará su propensión a sufrir angustia. No les extrañe que ella quiera retirarse, aislarse en busca de tranquilidad cuando esto ocurra, ni lo entiendan como una rareza, sino como algo que necesita para reencontrarse y regenerarse.

El psiquiatra les dijo también que su hija necesitaba paz y armonía en su entorno en grados mayores que el resto de las personas y que si no percibía eso se aislaría aún más.

Pero no fueron sus padres el principal apoyo de Luna, sino Samuel. Los dos hermanos crecieron muy unidos y aunque él era el mayor, las altas capacidades de Luna para profundizar en los problemas, sumadas a su afán de perfeccionismo y su sentido de la responsabilidad, hicieron que el hermano se acostumbrara a delegar muchas decisiones importantes en su opinión.

Fue ella quien lo animó a salirse del camino trillado de las oposiciones de profesor y lanzarse a descubrir el campo de la lingüística forense y jamás se arrepintió de su decisión.

Cuando Luna empezó a tener relaciones de pareja, Samuel se convirtió en el consejero de su hermana, pero con escaso o nulo éxito, porque ninguna de esas relaciones cuajó.

Fue tras su último fracaso sentimental cuando ella comenzó un período de extrema introspección que incluso desarmó a Samuel, que se sintió excluido del mundo interior de su hermana del que siempre le había hecho partícipe.

De esa etapa, que Luna empleó en leer muchos textos cristianos, salió su decisión de vivir una experiencia de una semana en un convento que dejó a toda la familia perpleja.

Sin embargo fue Samuel quien insistió mucho a sus padres para que no interfirieran en su voluntad y acataran sus decisiones, de tal manera que su hermana vivió su primera reclusión y las que vendrían después en completa armonía con su entorno familiar.

Sin embargo, la extrema sensibilidad de Luna percibía que el último paso que necesitaba dar no podía ejecutarlo de una forma que sus padres no pudieran asimilar, y aunque a Samuel sí le transmitió mucho antes su determinación de convertirse en monja de clausura, empleó dos años en asumir los votos y recluirse definitivamente para que sobre todo su madre tuviera tiempo de adaptarse a la nueva situación. El cambiarse su nombre de pila por el de Guadalupe fue una ofrenda a ella por el dolor que sabía que le causaría.

Ahora que Samuel traspasaba los muros del convento, a primera hora de la tarde, y con una fuerte tormenta primaveral amenazando con descargar sobre Madrid, todos estos pensamientos hacían lo propio sobre su cabeza sin saber muy bien por qué.

Entre el rezo de Sexta y el de Nona, las monjas disponían de un tiempo de esparcimiento después de la comida que Luna había aprovechado para hablar con su hermano.

Cuando Espino accedió al locutorio ella ya estaba esperándolo sentada tras la reja con un punto de ansiedad en su mirada que Samuel percibió al instante.

Aunque no se lo dijera abiertamente, no terminaba de acostumbrarse a verla con el hábito y siempre le venía a la mente la imagen de su hermana con el pelo largo y los vaqueros que llevaba antes de hacerse monja.

El rostro de Luna era armónico y proporcionado y traslucía una serenidad que ahora estaba empañada.

—Hola, hermano —saludó con un tono de voz donde se mezclaban una inmensa alegría con un profundo quebranto.

—¿Qué te ocurre, Luna? —Samuel procuraba no llamarla así cuando la visitaba, por respeto a su decisión, pero ahora no estaba viendo a una monja de clausura en paz, sino a su hermana a punto de llorar.

Luna acercó su mano a la reja buscando la de su hermano y eso fue todo lo que necesitó Samuel para saber que algo iba muy mal.

Agarrando los dedos de él con fuerza, estuvo un buen rato mirando hacia la puerta de salida del locutorio hasta que se decidió a hablar.

—Samu, ayer me dijo la madre superiora que un sacerdote deseaba conversar conmigo. Ella me acompañó hasta aquí mismo y estuvo con nosotros todo el tiempo que duró la reunión.

La voz, consumida por la congoja, taladraba el corazón de Samuel, que percibió lo inusual de la escena que le contaba Luna y sabía hasta qué punto podían afectar estas situaciones a su hermana. Era extremadamente metódica y disciplinada y cualquier suceso que interfiriera en su rutina diaria la perturbaba mucho. Las rígidas normas de un convento de clausura se ajustaban como un guante a su carácter introspectivo.

Samuel esperó a que ella le contase más sin presionarla.

—Me dijo que yo debía hablar contigo. —El rostro de Espino se alteró visiblemente y eso a su vez intranquilizó más a Luna, que continuó desahogándose.

—Me estuvo hablando de lo mucho que mis hermanas apreciaban mi trabajo, de lo importante que era mi contribución al convento mientras la madre superiora me tenía abrazada con fuerza.

Luna se concedió una pausa para contener el temblor que empezaba a distorsionar su hermosa voz mientras Espino agarraba con firmeza su mano a través de las rejas.

—¿Qué te exigió? —Samuel no soportaba el sufrimiento de su hermana y necesitaba saber ya cómo repararlo.

—Samu, yo llevo las cuentas del convento y todo lo relacionado con la organización de las visitas a la tumba de Cervantes —subrayó la monja un poco más serena al refugiarse en los recuerdos de su día a día —. Como sabes, además estoy a cargo del canal de You Tube en el que explicamos nuestro trabajo diario y a través del que difundimos nuestra fe. También soy la responsable del desarrollo de nuestra web, donde explicamos el origen y desarrollo de la orden trinitaria y vendemos productos de fabricación propia. A través de la página también es posible hacer donativos o reservar cita para visitar el monumento a Cervantes. Es un trabajo que me encanta porque es como si abriera las puertas de nuestro convento al mundo.

La voz de sor Guadalupe había recuperado la serenidad suficiente como para que su hermano se diera cuenta de lo importantes que eran para ella sus responsabilidades.

—¿Te están chantajeando? ¿Amenazando? —De repente supo que se trataba de eso.

—El padre Elías Osorio —a Espino se le revolvió el estómago cuando oyó ese apellido y la intención con que su hermana lo subrayaba— me ha pedido que hable contigo.

Samuel había soltado la mano de Luna para no dañársela con la presión que aplicaba ahora sobre la reja.

—Dice que su hermano es un hombre piadoso al que estás investigando y que si no dejas de … —Sor Guadalupe se echó a llorar.

El subinspector dio un puñetazo a la reja que le provocó una herida en los nudillos y un dolor punzante.

Ambos hermanos estuvieron callados un buen rato, comunicándose a través del poder del silencio.

—Nunca te he pedido nada… —susurró Luna.

—Lo sé.

—Si ese hombre es como dice su hermano, te pido que lo dejes en paz, Samu. Nunca he pedido por mí, pero ahora se lo he pedido al Señor, y a través de él, a ti.

—¿Te han amenazado con apartarte de esos trabajos o con algo más? —insistió Samuel con voz temblorosa.

—Con un simple “no nos gustaría que” de nuestra madre es suficiente para entender las cosas —le explicó ella mirándolo profundamente a los ojos.

Y en ese momento Espino sintió que enfrente de él ya no estaba Luna, sino sor Guadalupe.

Esa misma noche, la monja no pudo conciliar el sueño otra vez.

Su hermano se había marchado con la mano ensangrentada envuelta en un pañuelo con la promesa de volver en unos días con la solución. Le dijo que mientras tanto no se preocupara y que siguiera con sus quehaceres habituales.

Luna se levantó de la cama, se vistió, salió de su celda y caminó por el pasillo sin hacer ruido. Los truenos de la imponente tormenta que había estado amenazando con descargar durante todo el día y que ahora se había desatado sobre Madrid le llegaban apagados por los gruesos muros del convento.

Se dirigió al guardallaves y eligió la que abría una de las discretas puertas que daban acceso al exterior. Necesitaba ordenar sus pensamientos y por primera vez en muchos años sintió la necesidad imperiosa de alejarse del foco de su dolor, centrado ahora en el lugar que había sido su paraíso particular durante cinco años.

Al salir de su refugio, la sorprendió la lluvia que caía y la sintió fresca y pura sobre su cabeza, que no había cubierto con la toca. La deslumbraban unos faros que se aproximaban por la estrecha calle y un relámpago iluminó la escena seguido de un tremendo trueno que retumbó en ese momento, asustándola. Quiso cruzar a la otra acera, donde una pequeña cornisa prometía resguardarla algo de la lluvia que arreciaba y se atravesó delante del coche, que frenó a tiempo de no atropellarla.

Pero sor Guadalupe, desvalida, aturdida y desorientada, ya resbalaba en los adoquines y perdía el equilibrio y los sesos, que quedaron estampados sobre un bolardo y desparramados por el suelo mientras la voz de Dios bramaba y sus lágrimas se desbordaban convertidas en la tempestad más terrible.

El Poeta Thriller literario Amadeus Raven

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