La noche del domingo no fue un cierre de día cualquiera para el municipio de Arganda del Rey. La devoción contenida, las miradas vidriosas de los mayores y el respeto de los más jóvenes configuraron una estampa difícil de olvidar, el reflejo exacto de un pueblo que cuida y abraza sus tradiciones más profundas. El fervor de los argandeños volvió a quedar demostrado en una noche donde la fe y la identidad local marcharon a un mismo paso.
Un silencio roto por la música y la devoción
El traslado procesional del domingo comenzó a desarrollarse pasados unos minutos de las 20:30 horas. A las puertas de la Iglesia de San Juan Bautista, el murmullo de la multitud se transformó de golpe en un respetuoso y sepulcral silencio cuando la imagen de la Patrona asomó por el pórtico. Ese instante de emoción contenida se rompió con solemnidad al compás de las primeras notas de la Banda Municipal Joaquín Turina, cuyos sones marcaron el inicio del camino y erizaron la piel de los presentes.
Con paso firme y devoto, la imagen de la Virgen de la Soledad avanzó lentamente. Ya en la Avenida del Ejercito, a ambos lados de la calzada, cientos de vecinos se juntaban pacientemente esperando verla pasar. Muchos de ellos presenciaban la escena asomados a los balcones engalanados para la ocasión, mientras otros flanqueaban los laterales de la avenida y las bocacalles adyacentes, creando un pasillo humano impregnado de recogimiento.
El cortejo y el calor del pueblo argandeño
Abriendo camino a la comitiva, numerosas mujeres lucieron con orgullo la tradicional mantilla blanca, portando velas que iluminaban el empedrado a su paso. Inmediatamente detrás de la venerada imagen, la procesión contaba con la presencia oficial de la Reina de las Fiestas y sus Damas de Honor, aportando la representación de la juventud argandeña en sus días grandes.
Junto a ellas marcharon los representantes de la Corporación municipal y miembros de las distintas parroquias de la localidad. Sin embargo, el verdadero alma del traslado lo compuso la decenas de vecinos anónimos que, con paso silencioso, se iban sumando de manera espontánea detrás de la comitiva a medida que el trayecto avanzaba.
El cortejo procesional atravesó las últimas calles, completamente abarrotadas de fieles y devotos que esperaban expectantes la llegada de la Patrona a su destino. El punto final a este traslado solemne se vivió con el paulatino encierro de la imagen. Una vez que la Virgen de la Soledad cruzó el umbral y quedó resguardada dentro de la Ermita, el templo se convirtió en el epicentro de los aplausos y las oraciones de los argandeños.
Arganda del Rey cerró uno de los capítulos más emotivos de sus Fiestas Patronales de 2026, dejando en la memoria de los allí presentes el recuerdo imborrable de una noche de fe compartida.

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