La historia de Arganda en el cine clásico: la ciudad como paisaje y personaje

por | Ene 7, 2026

Arganda del Rey ha sido, en más de una ocasión, escenario silencioso pero a su vez protagonista de una historia todavía más grande: la del cine clásico. 

Entre cámaras, actores y atrezzo, el municipio ha ofrecido sus calles, plazas y paisajes a una docena de películas que, desde la Guerra Civil hasta los años ochenta, dejaron para siempre un reflejo de la Arganda de otras épocas. 

Algunas lo hicieron en silencio, otras con estrellas de renombre mundial. Pero todas han contribuido a forjar una parte insospechada del alma cultural de la ciudad.

Un siglo de cine

Con motivo del centenario del cine español en 1996, el Ayuntamiento de Arganda del Rey recopiló buena parte de esa historia en un escrito firmado por Jesús Antonio de la Torre Briceño y salvaguardado en el Archivo de Arganda.

Desde el rodaje documental de la visita de Alfonso XIII en 1917 hasta la polémica “Viridiana” de Luis Buñuel, Arganda ha sido paisaje y personaje a partes iguales. 

Y aunque muchas de esas películas hoy son solo recuerdos en blanco y negro, el celuloide dejó impreso lo que el tiempo borró: la Solanilla, la cuesta de la Cárcel, el Pilón, la vieja bodega de la calle de los Silos o el atrio de la iglesia parroquial.

De la guerra a la gran pantalla: Tierra de España

La primera gran incursión de Arganda en el cine no fue ficción, sino testimonio: ‘Tierra de España’, documental sobre la Guerra Civil dirigido por el holandés Joris Ivens con guion de John Dos Passos y el apoyo de Ernest Hemingway, retrató los combates en el frente del Jarama. 

Buena parte de las escenas fueron grabadas en la carretera de Valencia, en las cercanías del puente de Arganda. 

El film fue proyectado en la Casa Blanca a petición de Roosevelt, pero en España apenas tuvo repercusión debido al conflicto. Hoy se considera una joya documental con alto valor histórico.

El puente, el río y una falsa costa andaluza

Quizá el ejemplo más pintoresco sea ‘La Lola se va a los puertos’ (1947), rodada tras el desbordamiento del Jarama en 1946. 

El equipo de producción convirtió el río crecido y las calles anegadas en un improvisado puerto de mar. Así, Arganda se transformó por arte de magia en una localidad costera andaluza.

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En ‘El sol sale todos los días’ (1956), se rodaron escenas durante las fiestas de San Roque. La Solanilla se convirtió en pista de circo improvisada, y el bar Costa Azul, en escenario de malabares, fakires y trapecistas. 

Un año después, en ‘El puente de la paz’ (1957), una sátira sobre conflictos rurales y burocracias, Arganda aparece con todo su esplendor: el Pilón, la cuesta de la Cárcel, la Azucarera, la Alcoholera y la barca del Porcal.

Estrellas de Hollywood, vino y un beso inolvidable

En 1957, ‘Orgullo y Pasión’, con Sofía Loren, Cary Grant y Frank Sinatra, eligió los cerros de El Piúl y La Poveda como escenarios. Fue la primera película en color rodada en el término municipal. Y la historia local aún recuerda una escena mítica no recogida en el guion: el beso de Sofía Loren a un vecino argandeño, sorprendida por su fealdad.

‘Rey de Reyes’ (1961), rodada parcialmente en Morata y Arganda, convirtió los paisajes castizos en Tierra Santa. ‘El Paseíllo’ (1968), con José María Montilla, recogió la esencia taurina en rincones como los toriles, los soportales y el bar El Centro. 

Ya en los ochenta, ‘Y al tercer año resucitó’ (1982), una comedia basada en la novela de Vizcaíno Casas, filmó en la residencia de ancianos y en calles apenas cambiadas desde entonces.

‘Viridiana’ y la postal inmortal de Buñuel

Pero ninguna película tuvo tanto impacto artístico y simbólico como ‘Viridiana’ (1961). El regreso de Luis Buñuel a España tras el exilio dejó una obra maestra censurada y prohibida durante más de dos décadas. 

Rodada en parte en la plaza de Arganda, la escena de los mendigos transcurre entre la iglesia, la tahona de Concha Castilla, la posada de la Soledad, la fuente de los Seis Caños y la Solanilla. Un recorrido visual que hoy es testimonio de una época desaparecida.

Buñuel conocía Arganda desde sus tiempos de estudiante y eligió cada rincón con precisión milimétrica. También recordaba con nostalgia el vino de la localidad. 

Así, entre cántaros, adoquines y pórticos, dejó su huella en la que fue elegida por la crítica en 1989 como la mejor película de la historia del cine español.

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