¿Te parece interesante? ¡Compártelo!

Este año 2023 se cumple el vigésimo aniversario de uno de los sucesos de la crónica negra más espeluznantes de las últimas décadas en nuestro país. A principios del año 2003, una serie de crímenes sin aparente móvil ni conexión entre sí puso en jaque a las autoridades y despertó el pánico entre la población de la Comunidad de Madrid. Nacía así la tétrica y oscura historia del llamado ‘Asesino de la baraja’, que, entre otros lugares, eligió Arganda del Rey para perpetrar sus crímenes.

RTVE y Netflix han emitido sendas docuseries sobre Alfredo Galán Sotillo, el conocido como ‘asesino de la baraja’ o ‘asesino del naipe’, coincidiendo con la conmemoración de los 20 años de aquellos crímenes que aterrorizaron a la población y generaron un ruido mediático pocas veces visto en España.

Cronología de un rosario de crímenes

El 5 de febrero de 2003, Madrid amanecía con la noticia del asesinato a sangre fría de Juan Carlos Estacio, un joven de 28 años de edad que trabajaba como empleado de limpieza en el aeropuerto de Barajas y que fue abatido mientras esperaba el autobús para regresar a su casa, de madrugada, en una solitaria parada del barrio de la Alameda de Osuna.

En un contexto como el de la época, con los índices de criminalidad disparados en la región, el suceso pasó desapercibido en principio hasta que los medios de comunicación se hicieron eco de un detalle que marcaría la serie de hechos posteriores y que quedaría en el imaginario de la ciudadanía: la aparición en la escena del crimen de una carta de la baraja española, un as de copas, que según las investigaciones pudo aparecer por casualidad pero que caló enormemente tanto en la opinión pública como en el propio asesino.

De hecho, en la cronología de asesinatos perpetrados por el asesino de la baraja, este no fue el primer delito cometido. El 24 de enero inició su sangriento camino en la calle Alonso Cano de Madrid, donde mató al portero del número 89, Juan Francisco Ledesma, de un disparo en la cabeza en presencia de su hijo de dos años de edad.

Tras perpretar el crimen de Alameda de Osuna, el asesino de la baraja no tardó en volver a actuar. Apenas unas horas después, se desplazaba hasta Alcalá de Henares y accede al bar Rojas, donde sin mediar palabra disparaba a bocajarro a Mikel Jiménez, hijo de la dueña del local; a una clienta, Juana Dolores Uclés; y a la propietaria del establecimiento, que lograba salvar la vida con heridas graves tras recibir tres disparos.

Fotograma de la docuserie de RTVE del asesinato cometido en Alameda de Osuna

En esta ocasión, tampoco apareció en la escena del crimen ningún naipe, lo que hace pensar a los investigadores que el autor decidió continuar con su macabro juego tras el revuelo mediático surgido después del crimen de la Alameda de Osuna.

Un mes de espera

Después de los cuatro primeros asesinatos y el intento de homicidio de la propietaria del bar Rojas, el asesino de la baraja tarda en volver a actuar.

Lo hace de nuevo el 7 de marzo en Tres Cantos, donde esa noche se acerca a una pareja que charlaba en la avenida de Viñuelas y, de nuevo sin mediar palabra, dispara en la cara a Santiago Eduardo hiriéndole de gravedad y posteriormente apunta hacia su novia, Anahid C., pero el arma se le encasquilla y acaba abandonado el lugar no sin antes dejar en la escena un dos de copas.

A raíz de este nuevo suceso, la psicosis se desata a nivel general. El autor actúa sin motivo aparente, sin relación con las víctimas, en lugares dispares y alejados y lo hace con sigilo, sin provocación previa ni un móvil claro, únicamente por el “placer” de matar.

El asesino de la baraja, en Arganda del Rey

George y Diona Magda, matrimonio de origen rumano que paseaban de noche por un camino situado en las inmediaciones del antiguo campo de Las Cañas, fueron las últimas víctimas mortales de Alfredo Galán Sotillo.

En la noche del 18 de marzo de 2003, el asesino de la baraja se trasladó hasta Arganda del Rey para seguir cometiendo sus atrocidades. Tras estacionar su vehículo, se desplazó hasta este camino, muy transitado en la época por los argandeños para llegar a la estación de Metro. Allí, en un primer momento busca un objetivo, pero finalmente da con la pareja y camina tras ellos. Tras rebasarles, se gira y dispara primero a George en la cabeza, causándole la muerte instantánea, y después abre fuego en tres ocasiones contra Diona Magda, que falleció dos días después a causa de las heridas en el hospital. Junto a los cuerpos, el tres y el cuatro de copas.

Los vecinos de la zona escucharon las detonaciones pero, según varios testimonios, pensaron que los ruidos provenían de petardos lanzados por un partido que disputaba en ese momento el Real Madrid.

Lugar aproximado donde el asesino de la baraja cometió sus crímenes en Arganda (Google Maps)

El 3 de julio, Alfredo Galán, de 25 años de edad, se entrega en una comisaría de Policía Local de Puertollano, su ciudad natal, y confiesa los crímenes aportando detalles que dan veracidad a su relato, aunque al día siguiente se desdice y niega los hechos.

Sin embargo, el hallazgo en el registro domiciliario de un casquillo semipercutido de una pistola Tokarev de 7,62 milímetros, el arma utlizada en todos los asesinatos, termina por involucrarle directamente en los hechos, junto a otras pruebas definitivas para su condena.

La Audiencia Provincial le condenó como autor de un delito de allanamiento de morada con un delito de asesinato, con la atenuante de confesión, a la pena de 18 años y seis meses. En segundo lugar, por cinco delitos de asesinato, también con atenuantes de confesión, a 17 años y seis meses, además de tres delitos de asesinato en grado de tentativa por los que fue condenado a 11 años y tres meses de prisión, y un delito de tenencia ilícita de armas con una pena de dos años y seis meses. En total, 142 años de cárcel, de los que no cumplirá más de 25. En 2028, el asesino de la baraja volverá a estar en libertad.

El asesino

Alfredo Galán Sotillo, nacido en Puertollano (Ciudad Real), fue condenado a 142 años de prisión por seis asesinatos consumados y tres más en grado de tentativa. Mató a sus víctimas a sangre fría con una pistola Tokarev del calibre 7’62 que introdujo ilegalmente en España tras su paso como militar en Bosnia, donde participó en una misión humanitaria.

Su ‘modus operandi’ trajo en jaque a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad por su aparente improvisación, a lo que sumó el macabro juego de las cartas en las escenas del crimen tras el revuelo mediático que generó la aparición fortuita del primer naipe.

A pesar de su confesión inicial y las pruebas incriminatorias, en el juicio declaró ser víctima de una extorsión por parte de un grupo neonazi a los que, según su relato, vendió el arma homicida antes de que estos le obligaran a confesar los crímenes bajo amenazas. Su historia no convenció al juez y hoy sigue cumpliendo condena como autor de uno de los episodios más sórdidos de la crónica de sucesos de nuestro país.

Ahora, 20 años después, una serie recuerda aquellos terribles sucesos que conmocionaron a la ciudadania en general y que dejó un tremendo poso en Arganda del Rey por la crueldad y aleatoriedad de los crímenes que cercenaron la vida de dos vecinos de la localidad de apenas 40 años de edad.

Otras Noticias

Detenido en Arganda un ciudadano alemán en busca y captura por la violación y asesinato de una joven de 21 años

Los delitos en Arganda crecieron un 22% en 2022 pero se redujeron un 10% con respecto a 2019

¿Te parece interesante? ¡Compártelo!