La historia olvidada de la Cátedra de Gramática que convirtió a Arganda en un referente educativo hace más de tres siglos

por | Ago 27, 2026

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¿Cómo era la educación en Arganda hace más de tres siglos? ¿Quién podía estudiar y quién hacía posible esa formación? 

Las respuestas se encuentran en un documento conservado en el Archivo Municipal de Arganda del Rey y en el trabajo del historiador José Barros Campos, que en 1990 publicó en los Anales del Instituto de Estudios Madrileños el estudio ‘El Colegio Imperial, fundador de una Cátedra en Arganda’, una investigación que rescata uno de los episodios más desconocidos del pasado de la localidad.

A partir de la escritura fundacional de la Cátedra de Gramática y Letras Humanas, el autor reconstruye la creación de una institución educativa que, desde 1705, permitió impartir gratuitamente Doctrina Christiana, Gramática y Letras Umanas siguiendo el mismo método pedagógico del prestigioso Colegio Imperial de Madrid.

La fundación de aquella cátedra no fue un hecho aislado. Llegó en un momento en el que Arganda ocupaba una posición estratégica, situada a cuatro leguas de la Corte y atravesada por el Camino Real hacia Valencia y Cartagena. 

Apenas un siglo antes, en 1581, la localidad había logrado su independencia de la mitra toledana para convertirse en Villa del Rey, iniciando una etapa de crecimiento en la que algunas familias adquirieron un notable protagonismo en la vida política, económica y religiosa del municipio.

Entre ellas destacaban los Milano y los Sancho, dos linajes que aparecen de forma recurrente en la documentación de la época y que desempeñaron un papel fundamental en la historia de la Villa.

Fue precisamente uno de los miembros de la familia Milano, el bachiller y presbítero Pascual Milano Valles, quien el 25 de septiembre de 1705 otorgó ante el escribano Juan Gordo la escritura de fundación de la cátedra.

Su objetivo era que los hijos de los vecinos de Arganda pudieran recibir gratuitamente enseñanza de Doctrina Christiana, Gramática y Letras Umanas, para lo que destinó 40.000 reales de vellón, una importante suma de dinero con la que pretendía asegurar la continuidad de la institución.

La escritura establecía además una condición muy concreta: la enseñanza debía quedar en manos de un padre de la Compañía de Jesús, que habría de impartir las clases siguiendo exactamente el mismo método utilizado en el Colegio Imperial de Madrid, uno de los centros docentes de mayor prestigio del momento.

La aceptación de aquella fundación correspondió a otro argandeño ilustre, el padre Joseph Sancho Granado, que entonces era Provincial de Toledo de la Compañía de Jesús.

El estudio de José Barros Campos recuerda también el enorme peso que las familias Milano y Sancho llegaron a ejercer en la vida local. 

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Ambas concentraron durante años cargos de justicia y del regimiento de la Villa, hasta el punto de que los vecinos elevaron sus quejas al Rey por lo que consideraban un monopolio del poder municipal. Sin embargo, esa influencia también dejó un importante legado cultural. Según plantea el investigador, de estas familias surgieron obispos, catedráticos de la Universidad de Alcalá de Henares y altos cargos eclesiásticos que pudieron haberse formado en la propia cátedra argandeña.

Los jesuitas, la Casa del Rey y el final de la Cátedra

La relación entre la Compañía de Jesús y Arganda era anterior a la creación de la cátedra. Según recoge el estudio, los jesuitas se establecieron en la Villa en 1605 para atender sus viñedos y bodegas y, años después, adquirieron la finca que hoy se conoce como la Casa del Rey, la antigua residencia levantada por el embajador imperial Hans Khevenhüller.

Bajo la administración de la orden religiosa, aquella propiedad se convirtió en una importante explotación agrícola. En sus cuevas llegaron a almacenarse 272 tinajas y 14 cubas con capacidad para 10.000 arrobas de vino, una muestra de la dimensión que alcanzó la actividad vitivinícola desarrollada por los jesuitas en Arganda.

Con el paso del tiempo surgieron también conflictos entre la Villa y la Compañía de Jesús. El acaparamiento de tierras y ganado, unido a determinadas exenciones fiscales, como el pago del portazgo de la barca del Jarama, desembocó en el conocido como Pleito de la Villa, un largo enfrentamiento entre ambas partes.

Años después, la expulsión de los jesuitas decretada por Carlos III en 1767 marcó el comienzo de la desaparición de la Cátedra de Gramática, que quedó extinguida mediante las sucesivas disposiciones reales promulgadas entre 1768 y 1771.

La figura de Pascual Milano continuó, sin embargo, ligada al patrimonio de Arganda. Tal y como recuerda el estudio, su fortuna permitió también levantar la torre de la iglesia de San Juan Bautista, conocida popularmente como ‘La Pascualina’, además del atrio que todavía hoy conserva el templo.

Más de tres siglos después de su fundación, la escritura de la Cátedra de Gramática sigue conservándose en el Archivo Municipal como testimonio de una época en la que Arganda apostó por la educación como una herramienta de formación y progreso. Gracias al trabajo de investigación de José Barros Campos, aquel documento permite reconstruir hoy una de las páginas más singulares y menos conocidas de la historia de la ciudad.

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