1834: la epidemia de cólera que arrasó Arganda del Rey

por | Ene 16, 2026

En el verano de 1834, Arganda del Rey vivió uno de los episodios más trágicos de su historia. En un contexto nacional marcado por la inestabilidad política, la muerte de Fernando VII, la Primera Guerra Carlista y la amenaza a las Cortes Generales convocadas en Madrid, una amenaza silenciosa llegó a la villa: el cólera morbo asiático.

Así lo recoge Miguel Ángel López Rinconada, miembro del departamento de Historia Contemporánea del Centro de Estudios Históricos del CSIC en un estudio realizado en el año 1992.

La enfermedad, desconocida hasta entonces, había entrado en España por Vigo en 1833, al parecer a través de tropas portuguesas. Desde allí, se extendió rápidamente por todo el país, alcanzando Madrid y sus alrededores en julio de 1834.

El primer caso registrado en Arganda tuvo lugar el 13 de julio. La enfermedad se propagó con una rapidez fulminante y el pánico se extendió entre los vecinos cuando las primeras víctimas fueron los propios facultativos. 

Solo tres días después, ya se contabilizaban 600 personas infectadas. El primer paciente detectado por el médico local, don Benito Torres, fue un segador forastero de origen francés, Lazare Maury, quien falleció al día siguiente. 

Los síntomas eran severos: vómitos, diarreas intensas, deshidratación extrema y colapso circulatorio que derivaban rápidamente en la muerte.

La llegada del ‘ángel consolador’

En un escenario de escasez médica, donde apenas se contaba con la ayuda de un profesor de Veterinaria, la llegada del profesor de Medicina don Domingo Guillén, procedente de Morata, supuso un giro crucial. 

Guillén, que había atendido a los enfermos en su municipio cuando la epidemia allí ya remitía, se presentó voluntariamente en Arganda, donde fue recibido como un “ángel consolador” por una población sumida en el miedo. Su labor fue clave para contener la epidemia, que en tan solo dos semanas dejó más de 300 muertos. 

Años después, en 1868, el Ayuntamiento reconoció el heroísmo de Guillén manteniendo en su cargo a su hijo, J. Guillén Fominaya, en agradecimiento al servicio de su padre.

Medidas de emergencia e higiene

El Ayuntamiento puso en marcha un plan urgente de medidas higiénico-sanitarias. Se dispusieron carros para recoger los cuerpos depositados en las puertas de las viviendas, se ordenó la quema de las barracas de los infectados, la limpieza diaria de calles y la prohibición de criar animales en patios. 

Se instalaron servicios públicos y se limpiaron alcantarillas vertiendo agua limpia. Además, se acordonó la villa para impedir la entrada de forasteros y evitar nuevos contagios.

Balance trágico

La epidemia dejó un balance devastador en Arganda del Rey. Las muertes se concentraron entre el 15 y el 31 de julio, con un total de 295 fallecidos: 132 varones, 137 mujeres y 26 niños. 

Las personas mayores fueron las más afectadas. Entre los muertos se encontraban figuras clave del municipio, como el cura párroco, don Francisco Alonso y Lucio; el médico, don Benito Torres; y el maestro de escuela, don Julián Rodríguez. El último fallecimiento por cólera se registró el 16 de agosto.

El brote supuso un grave retroceso demográfico para la villa, interrumpiendo el crecimiento que había mantenido hasta entonces. La de 1834 fue la primera de las cuatro grandes epidemias de cólera del siglo XIX en España y también la más letal, con más de 300.000 muertos en todo el país.

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