Amadeus Raven, autor argandeño: «‘La catrina’ parece un guion cinematográfico; ojalá se convierta en una serie de televisión»

por | May 23, 2025

Diario de Arganda conversa con Amadeus Raven (seudónimo de Miguel Ángel López), autor de Arganda del Rey que ha consolidado su propuesta literaria con ‘La Catrina‘, presentada como una continuación de su novela anterior, ‘El Poeta‘. Utilizando los «ropajes oscuros» de la moderna novela negra, Miguel Ángel López busca atraer al lector para exponer «temas mucho más serios» y trascendentales, sirviendo este género como un «cauce ideal» para introducir problemáticas sociales y conceptos morales o metafísicos a través de tramas y personajes atractivos. Este fin de semana, además, Miguel Ángel López recogerá el premio del I Concurso de Relatos y Cuentos Arganda Cervantina, como ganador en la categoría de adultos en su edición de 2025.

¿Qué es ‘La catrina’ y qué significa en tu obra literaria?

‘La catrina’ es una vuelta de tuerca sobre sobre la novela anterior, ‘El poeta’, cuyo final es interpretable. Me autodesafié para buscar una una continuación de un mundo que me daba mucho juego para expresarme y para poner encima del tapete temas que me preocupan bastante. La moderna novela negra está cubierta de ropajes oscuros, pero en realidad muchos escritores la utilizan para hablar de temas mucho más serios. Salvando las distancias, ‘El Quijote’ se interpretaba inicialmente con una novela humorística, de caballerías, pero realmente es mucho más trascendental. Los ropajes de la novela negra pueden atraer inicialmente a un tipo de público, pero una vez que lo tienes enganchado y te lo has llevado a tu terreno, puedes exponer temas muy importantes. Tanto en ‘El poeta’ como aún más en ‘La catrina» se exponen de manera cruda problemas muy actuales.

¿Como cuáles?

Prefiero que el propio el propio lector lo vaya descubriendo. Pero hay temas muy evidentes tanto en ‘El poeta’ como en ‘La catrina’, y uno de ellos es la salud mental. También la violencia, los instintos más primarios del hombre, la depravación, y otro tan trascendente como la muerte. Algunas escenas son descarnadas, pero otras, sobre todo en ‘La catrina’, van a tener un lado más espiritual. Las personas que han leído ‘La catrina’, me dicen que que el tratamiento de la muerte y de las escenas de violencia ha cambiado respecto a ‘El poeta’.

Para entender bien ‘La catrina’ hay que leer ‘El poeta’ primero…

Sí. De hecho, yo considero que es una serie, la serie ‘El poeta’. Es una continuación de la primera parte. Esto no es una cosa premeditada, pero es que no me caben en un libro todas las cosas de las que tengo que hablar. Son dos libros, pero realmente en mi cabeza es uno de 600 páginas. Y quizás haya una tercera continuación; espero que la haya, y se convertiría en un libro de 900 páginas. Evidentemente eso no es muy comercial, pero el carácter de serie está marcado.

Miguel Ángel López, Amadeus Raven, firma ejemplares de 'La catrina'
Miguel Ángel López, Amadeus Raven, firma ejemplares de ‘La catrina’ (foto cedida por Amadeus Raven)

Sin embargo hay una evolución clara de un libro a otro. ‘El poeta’ es una novela más erudita y en ‘La catrina’ se abordan otros temas y se profundiza más en el género negro. ¿Qué puedes contarnos sobre esta transición?

‘El poeta’ es un ‘thriller’ literario donde las referencias a los autores son muy evidentes. Incluso la propia profesión del protagonista de Samuel Espino es la lingüística forense. La novela tiene un lado literario muy marcado, con referencias explícitas e implícitas a muchos autores. En ‘La catrina’ este aspecto está más sublimado: sigue habiendo referencias a autores, pero sí que es cierto que he dado más importancia a la trama. El arco argumental de ‘La catrina’ es muy prolongado en el tiempo: pasan muchas más cosas. Me costó muchísimo moldear la estructura de la novela, porque hay ‘flashbacks’, hay referencias a la anterior novela, hay una serie de guiños que se pueden ir descubriendo poco a poco. Las referencias literarias o eruditas dejan paso al argumento, a la acción, a la introspección en la psique de los personajes. Y al mismo tiempo he aprovechado para introducir nuevos personajes que aparecían en ‘El poeta’ como secundarios y que yo sentía que podía exprimir más, al tiempo con nuevos personajes que pueden darme juego para una tercera parte. Se trata de eso, de no repetirme como autor. La diferencia entre una novela y otra es evidente y ese es uno de los desafíos que tenía encima de la mesa; creo que por lo menos he cumplido con mis propias expectativas. Ahora esperemos el juicio de los lectores, que es el más importante.

¿Se ha divertido más escribiendo `La catrina’?

Esa es una buena pregunta. Cuando te pones a escribir, entras en una especie de catarsis. Yo me transformo en Amadeus Raven; en ese momento desaparece el mundo y estoy yo con mis personajes en un diálogo interior donde pasan cosas. Cuando desconecto de ese proceso, me cuesta mucho dejarlos atrás. Lo más importante es que la necesidad que siento de expresarme está ahí. Muchas veces me divierto; muchas veces sufro cuando no me salen las cosas, porque la inspiración a veces funciona y a veces, como decía un autor, te tiene que encontrar trabajando. Pero en general lo disfruto mucho, sobre todo cuando voy con las ideas y y leo un capítulo y me siento satisfecho. Otras veces no: lo retoco mucho hasta que doy con la tecla que yo creo que le hace funcionar. Probablemente lo más engorroso del proceso de escribir sea la corrección, porque nunca estás satisfecho al 100% y sería interminable. En este caso ha sido menos angustioso que ‘El poeta’, que prácticamente me lo tuvo que quitar el editor de las manos. A la pregunta de si me he divertido, sí, me divierto, pero también el nivel de exigencia al cual me obligo me pone en tensión. Al final se trata de buscar los límites de la creatividad.

Hay quien dice que el género negro es al siglo XXI lo que fue la novela de caballerías al tiempo de Cervantes…

Es cierto. Ahora mismo se vende mucho la novela negra, la novela de intriga, la novela de misterio, novela policíaca, como se quiera llamar. Pero al final los autores ponen encima de la mesa las problemáticas sociales. Esto ha ocurrido a lo largo de la historia, por ejemplo, en ‘El Quijote’ o en ‘El Conde de Montecristo’, es una novela de aventuras también salen temas muy muy trascendentes, no? El tema de la traición, la venganza, la pasión, la avaricia… Por ejemplo, ‘La verdad sobre el caso Savolta’ de Eduardo Mendoza es una novela maravillosa, pero también pone encima de la mesa temas sociales como la violencia en los años 20 en Barcelona, las conspiraciones… La novela son ropajes que utilizas para exponer ante el lector temas que le puedan interesar, o dar tu particular punto de vista sobre ese tema. Al final al lector le tienes que deleitar, pero también le tienes que hacer pensar. Yo soy docente y no quiero enseñar nada, pero al final cuando hablas de novela negra no puedes hablar de buenos y malos: es un cauce ideal para introducir temas a través de unas tramas, de unos personajes que puedan ser atractivos, pero que al final están expuestos a una serie de problemas que día a día aparecen en la sociedad. Si además el autor también quiere realizar algún tipo de disquisiciones sobre algún tipo de concepto moral o relacionado con la trascendencia, la novela negra es un buen cauce. Quien haya leído ‘El Quijote’ como una novela de caballerías no es que se equivoque, pero si lo relees descubrirás un libro nuevo que habla de muchísimas cosas: es el gran libro del desengaño. Y ‘La catrina’ puede ser el gran libro de la salud mental como consecuencia de determinados traumas.

¿Qué otros temas aborda en la novela?

‘La catrina’ es una vuelta de tuerca sobre varios temas que entiendo que pueden dar mucho más de sí. La perversión siempre me ha preocupado mucho, porque creo que el ser humano tiene una dualidad entre las luces y las sombras. Es decir, un genio no tiene por qué ser una buena persona o una persona poco instruida no tiene por qué ser una persona buena: en una persona pueden convivir el lado oscuro y el lado luminoso, y ese tipo de cosas tienen mucho que ver con algo que para mí es muy importante: no existe el blanco y el negro. El contraluz, que es un término técnico que se utiliza mucho en fotografía y en y en el cine, me interesa mucho.

¿’La catrina’ es su obra más cinematográfica?

Una de las cosas que me dicen los lectores de ‘El poeta’ o de `La catrina’ es que parece un guion cinematográfico. ; ojalá se convierta en una serie de televisión. Continuamente estamos viendo en la televisión personas que que parecían de una pulcritud moral increíble que de repente se derrumba. Ese tipo de cosas llaman mucho la atención: la imagen pública y la imagen privada, la sordidez inesperada de algunos personajes. Todo eso cala mucho en el alma del lector, pero también tienes que que hacerles entrar en el juego. Estamos muy lejos de decir que tanto ‘El poeta’ como ‘La catrina’ sean libros filosóficos o de una temática social: el abanico que se despliega es muy rico para poder atrapar a muchos tipos de lectores y en muchas escenas muy cambiantes en muchos lugares reales. El Instituto Cervantes, uno de los escenarios, es un edificio real que se encuentra en el chaflán entre la calle Barquillo y y el inicio de la Gran Vía. Era la antigua sede del Banco Español del Río de la Plata y las antiguas cajas fuertes del banco se han reconvertido en cajas de las letras, donde ahora, en vez de depositarse dinero se depositan legados de los grandes autores. Eso es un escenario real que aparece en la novela, pero a mí me parece fascinante porque algunas veces la realidad supera la fantasía de cualquier autor. Las inquinas entre escritores que aparecen también en ‘La catrina’ son reales.

¿Eso le pasa a Amadeus Raven?

A mí no, pero hay una trama relacionada con escritores contemporáneos que es real. A mí no me pasa eso porque yo no soy un escritor famoso, pero ha pasado siempre. Los grandes autores del siglo de oro eran enormes odiadores entre ellos. Lope de Vega para mí es una es una figura fascinante. A Cervantes le amargó la vida. También está Vargas Llosa pegando un puñetazo a García Márquez por un lío de faldas. El lado humano de los escritores a mí me interesa mucho porque cualquiera es capaz de arrastrar el laurel del Nobel por un problema humano. Esa animalidad del ser humano no está tan controlada como nuestra racionalidad pretende hacernos creer.

¿Por qué hay que leer ‘La catrina’?

Porque puede proporcionar momentos de de placer, de satisfacción. Y toca temas que, además de ser entretenidos, les pueden hacer contemplar ciertos comportamientos del ser humano desde otro punto de vista. Para los lectores de ‘El poeta’, esta nueva novela responde a algunas preguntas que quedaban abiertas en la primera parte. Aquel final se puede interpretar como un final absoluto, pero también de otra forma. Probablemente lo más complicado de ‘La catrina’ fue rescatar de las cenizas en que se convierten la mayor parte de los personajes de ‘El poeta’ en una segunda parte verosímil, con personajes de carne y hueso que puedan ser identificables, independientemente de que determinados comportamientos de los personajes puedan ser extremos.

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